After darkness

Todo me es tan ajeno, tan distante, tan increíble. Veo los días pasar, el pasto se llena de hojas cafés muertas, la leve lluvia derrite mis pensamientos que parecen hechos de azúcar. Mi concentración se quiebra y mi memoria se desvanece dejándome sentada sin un sólo recuerdo que me anime a seguir adelante. La decepción invade mis ojos, mis oidos y me hace regar lágrimas no por mí sino por el resto del mundo. Y todo me es tan ajeno.
Camino por las calles pensando en “la solitude”, y sé que estando rodeada de gente, sigo sintiéndome tan sola como aquella tarde en que lloré bajo la lluvia rogándole que me quitara mis penas de encima. Todos me son distantes.
Los días pasan y yo sigo sin tener ánimos para nada, sigo sin ganas de reir ni llorar. Nada me conmueve, excepto la imágen desgarradora de una niña rusa quemándo un papel donde dibujó a alguno de los terroristas que la tuvieron a ella y toda su escuela durante tres días de rehenes. Sólo me conmueve el testimonio de un niño sobre el momento en que tuvo que correr para salvar su vida y que la voltear hacia atrás vio a su madre tendida en el suelo, muerta. No llego a si quiera tener las agallas de sentir lo que alguno de esos niños siente, pero su dolor, aunque en muy pequeña medida llegó hasta mí y creo que sentí por un pequeño momento lo que uno de ellos sintió. Y eso sí me parece increíble.

La estupidez humana no parece tener fin.

Soundtrack: a lo lejos suena el noticiero… creo.

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