Too high

Su nombre era (y sigue siendo) Silvia. Era adicta a la sopa de tomate y al arroz. Vivía en un pequeño apartamento en Chapinero. Odiaba toda la música que no fuera Tchaikovski. Le gustaba el rojo. Nunca le gustaron las mascotas, mas había un particular animalito que le llamaba la atención. Era de un extraño personaje que vivía en el piso de arriba. El tierno gatito era todo negro con una mancha blanca en la pata izquierda. Era más que una mancha, un guantecito de su propia piel. El animal era diminuto. Ella no sabía mucho de gatos, pero este preciso ser se le hacía extremadamente pequeño, casi de juguete. Lo había visto dos o tres veces, paseándose por el patio de ropas del apartamento de arriba, desde la cocina de su propio apartamento. Una noche bajó hasta el patio de ropas de Silvia mientras ella extendía su ropa, por los marcos de las ventanas de otros apartamentos. El minino se acercó un poco tímido. Enternecida se agachó lentamente y esperó que llegara hasta ella. Cuando este lo hizo, le lamió los dedos de la mano izquierda que ella tenía extendida. La lengua carrasposa le hizo cosquillas y se rio calladamente. Luego se acercó un poco más y maulló suavemente. Tenía ojos azules. Cuando estuvo lo suficientemente cerca ella lo alzó. Se asustó un poco porque pensó que el animal la arañaría, pero era tan dócil y tan amigable como si siempre hubiera sido suyo. Consiguió un platito hondo y lo llenó de leche. El gato se la tomó rápidamente, como si no lo hubiera hecho en un largo rato. Hacía muy poco que vivía en ese sitio, pero con el pequeño animal parecía que fuera su hogar desde la infancia.
Luego de que el animal se tomó la leche que le fue servida, Silvia sacó una de las latas de comida para gato que había guardado con la esperanza de que el minino sí se apareciera en su apartamento realmente. También, Dominic el gatito, como Silvia decidió llamarlo, engulló copiosamente. Después de ello, Dominic el gatito, se volvió a acercar a Silvia que estaba sentada en el frío piso de la cocina viéndolo comer e hizo algo que parecía un gesto cariñoso, frotándose en la pierna medio doblada de su salvadora. Silvia se sintió triste sabiendo que pronto tendría que devolverlo al apartamento de arriba, pero como vio que las luces estaban apagadas, decidió esperar hasta que por lo menos una luz se prendiera. Pasó toda la noche en vela, más que todo viendo a Dominic el gatito dormir en vez de ver si el apartamento de arriba mostraba señales de ser habitado. El gatito Dominic le recordaba a su hermana menor. Ya de madrugada se preparó un café mientras que Dominic el gatito se acostumbraba el nuevo escenario que era casi igual que su antiguo hogar sólo que completamente al revés. También Silvia le dio una madeja de lana rosada que encontró perdida en su closet para que su invitado jugara. Ese sábado Silvia quedó de ir a visitar a su hermana menor, la que le era recordada por Dominic el gatito mientras éste dormía. Pero la llamó y le dijo que no se sentía bien y que prefería quedarse en casa ese particular día.
Orlata, la joven que se parecía a un gatito mientras dormía, se sintió un poco, pero decidió dejar que Silvia se excusara un vez más. Silvia se quedó tranquila toda la mañana mirando a Dominic el gatito jugar con todo lo que encontraba. A eso de las dos de la tarde sintió a alguien golpear la puerta del apartamento de arriba. Durante medio minuto que fue eterno se hizo a la idea de que debía dejar a Dominic el gatito. Así que lo alzó y subió con él hasta el tercer piso, arrastrando sus pies por las escaleras con gesto de niña de colegio que no quiere entrar a clase. Subió y encontró a un joven muy bien parecido que le sonrió. Ella le explicó que Dominic el gatito vivía en ese apartamento pero que anoche se había aparecido en su patio de ropas. El joven le explicó que estaba buscando al extraño personaje que vivía en el apartamento porque no había respondido todas las llamadas que éste, Federico. el joven bien parecido, le había hecho. Silvia le preguntó si se conocía desde hace mucho y el joven bien parecido llamado Federico le dijo que sí y por eso le extrañaba la falta de comunicación por parte del extraño personaje que vivía en el apartamento. Silvia le comentó que a ella no le molestaría quedarse con Dominic el gatito hasta que el extraño personaje apareciera y se lo llevara. A Federico el joven bien parecido, le pareció bien dado que era alérgico a los gatos. Silvia, contenta y sonriente le dijo a Federico el joven bien parecido que cualquier cosa ella estaba en el apartamento de abajo y el amable y bien parecido Federico le agradeció el gesto.
Pasó un día, casi exacto, porque Federico, el joven bien parecido, se apareció en la puerta de Silvia a eso de las dos de la tarde del siguiente domingo. La tristeza no le hacía bien y no era tan bien parecido. Iba pálido y con los ojos rojos. Le dijo que aquel personaje extraño ya no volvería y que Dominic el gatito necesitaba un hogar. Silvia le dijo, disimulando su alegría, que lo sentía mucho y que ella cuidaría a Dominic el gatito. Luego dijo Federico, el joven no tan bien parecía cuando estaba triste, que Dominic el gatito tenía sus cosas arriba (la cama, el plato, los juguetes) y que si quería ir por ellas. Silvia asintió y subieron los dos callados, hasta el apartamento del difunto y extraño personaje. Silvia está segura de que la puerta del patio de ropas estaba cerrada cuando salió, pero que de alguna manera Dominic el gatito encontró una manera de salirse y al ver que había movimiento en su antiguo apartamento decidió subir a ver si el extraño personaje que lo cuidaba había vuelto.
Se supone que es más fácil bajar que subir. Y también es cierto que los gatos caen de pie. Pero el impacto, la aceleración de su peso al caer y la fragilidad de sus huesos, aun no bien formados, no dejó que Dominic el gatito, que tenía toda una hermosa vida por delante al lado de Silvia, sobreviviera. Y Silvia, que había sido completamente feliz por tener a un nuevo compañero sintió un enorme vacío cuando oyó el aullido del gatito mientras caía. Federico, el joven bien parecido se estremeció al oír el desesperado grito de Silvia y se dijo a sí mismo que nunca más volvería a ese edificio. Lo que no sabía es que en ese mismo edificio él encontraría su propio destino y moriría casi igual que el pobre gatito Dominic.

Soundtrack: Wrecking ball (Interpol), Life on mars?, Kooks (David Bowie), Backwoods (RHCP), Vapour Trail (Ride, compulsivamente), Fidelity, Rejazz (Ragina Spektor), Make you move, Everything goes around the water, The Actress (The Delgados), Have a Cigar (Pink Floyd).

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