Say… do I know you?

Tal vez teclear me hace sentir un poco más productiva. Incluso devolverme a corregir errores anteriores me da un poco de peso ante el paso del tiempo. Le digo al señor tiempo que lo utilicé para corregir un tonto error de escritura. Cuando pienso en el tiempo me asombro lo poco que soy. Lo minúscula que soy en medio del tiempo. Me gusta sentirme así, soy invisible, indetectada (palabra que no existe, aparentemente) y puedo hacer de las mías y jugar silenciosamente con el tiempo de los demás. Luego, me propongo dejar que el tiempo siga su camino y que acabe con los demás. Yo me retiro a mis aposentos a jugar con mi tiempo antes de dejarlo transcurrir sin inclemencia alguna. El tiempo llega a ser mío cuando quiero. Cuando camino lentamente, cuando tomo el camino largo a casa, cuando miro por la ventana, cuando me devuelvo a corregir los errores de typing. Cuando canto una y otra vez la misma canción. Cuando pienso que el tiempo es inclemente y me acabará, cuando de verdad nunca podré jugar con él, ni siquiera con el tiempo que me pertenece.

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