Whenever you feel like it. But I won’t be here forever.

Hoy, como dice la fecha es 10 de Mayo. No hay ninguna fiesta nacional, no hay nadie que conozca que cumpla años. Es una fecha común y corriente. Y aunque no va a ser un sábado normal (considerando mis sábados normales, en los que normalmente trabajo), el sentimiento de rutina está ahí presente. Mis movimientos son mecánicos, el de levantarme, ir a la cocina y prepararme mi desayuno. Bañarme luego y sin más vestirme como siempre lo hago, de abajo hacia arriba, medias, calzones, pantalones, brasier, camiesta, chaqueta, bufanda y por último, zapatos. Es una simple rutina, sin ningún tipo de alteración.

Y aunque me visto hoy, de la misma manera, (medias, calzones) mi rodilla izquierda rompe con todo el esquema rutinario. Cuando estoy alzando la pierna derecha para meterla dentro del pantalón (pantalón), la rodilla izquierda flanquea, se deshace y se dobla, dejando que todo el peso de mi cuerpo llegue al piso. Así que me quedo en el piso, boca abajo, con los ojos cerrados, semidesnuda y me pregunto si pido ayuda. No lo hago. Me lamento, respiro hondo, con agonía y me volteo, para quedar mirando al techo, con mi espalda descubierta sobre el piso hélido del baño. Mi rodilla izquierda está inflamada y ligeramente morada. La miro con ansias y le hablo dulcemente. Le digo que ya no es hora de echarse para atrás, porque hoy no es un día normal, hoy no es un sábado normal. Le explico que, aunque la rutina sea la misma, no iré al sitio donde ella teme ir, por el camino que ella teme caminar.

Y luego, me percato de que le hablo a mi rodilla. Mi maldita rodilla. Pienso en lo estúpida que soy y me callo. Me armo de valor y me paro con una fuerza que me hace sentir sobrehumana, me siento en el retrete y me acabo de poner los pantalones. Enseguida me acabo de poner el resto de vestimentas (brassier, camiseta, chaqueta y bufanda) y por último mis botas (zapatos), mis indestructibles botas negras. Hay silencio dentro de mí, respiro, exhalo y el más sucinto de los suspiros, jamás producidos por mi cuerpo, sale. Me sigue doliendo la rodilla y ahora me duele el resto del cuerpo a causa de su reciente viaje contra el piso.

Siento la boca llena de sangre. Demonios. Me mordí la lengua al caer. Introduzco el índice derecho en mi boca y tanteo el terreno. Sí, lengua mordida. Lástima. Igual, me paro con muchísimo desdén y me lavo los dientes. Cae la espuma roja al lavabo y la borro con el agua. Cojeo. Un dolor se extiende por la parte trasera de mi muslo izquierdo, desde la coyuntura del fémur con la tibia y el peroné, hasta la unión entre el fémur y la cadera. Arde. Así que me trago la pastilla que me debo tragar, sin agua, esperando que apague el dolor y emprendo mi camino, hacia el sábado que no será normal. Que de hecho, luego de todo esto, es el menos normal de todos.

Crap.

Soundtrack: Suspiro, silencio. Aire. Suspiro.

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