Ever since

¿Y qué si ella se siente desolada? El tiempo pasó y nunca volvió a verle, a su piel y a su silencio. Para ella nada nunca fue tal cual como quiso desde que la conoció y desde que miró por primera vez la pupila dilatada de sus ojos. Que se sintiera desocupada ya no valía nada. Amarla nunca fue suficiente, para ninguna. Y que fuera un secreto enorme no parecía preocupar a la amada. Sólo a la, ahora triste, amante. Volverla a ver siempre fue un ligero despertar y por ello ahora, su desolación parece un largo y tendido sueño, sin pesadillas. Sólo sueño. La amante contiene la respiración y siente el cosquilleo de la falta de oxígeno. Está a dos pasos de la puerta, a un metro del timbre. Está a punto de confesar todo el recuento de historias, de ambiciones. Lo va a hacer, lo sabe.

Da un paso más, exhala el aire atafagado de sus pulmones, que sale caliente y vaporoso. Hace frío, mucho frío. Estira su brazo derecho, lo mira detenidamente y ve su piel de gallina. Sonríe o por lo menos eso intenta. Pulsa el timbre, una, dos, veces. Y viene a ella el único sentimiento que conoce desde que la conoció a ella: escalofríos subiendo y bajando por su espina dorsal, desde la primera vértebra, hirviendo su fluido espinal y congelándolo al mismo tiempo, hasta el cóccix, que deja un corrientazo que le dobla las rodillas unos milímetros. Siente arder viva cuando oye la cerradura de la puerta y finalmente, se abre. Allí está ella, tal cual y como la imaginó. Alta, esbelta, hecha de algodón.

Sonríen, silencio, entran y se sientan. La amada se recuesta en su silla, luego de mirar a la amante durante un momento. Mira hacia el techo, pone sus manos sobre la mesa y pregunta: “¿Qué quieres?”.

La amante, enrojece, siente sus venas palpitar, se oye decir unas palabras iniciales y luego, de un momento a otro ensordece. No escucha ni su propia voz, pero sabe que habla, que dice y dice cosas, que se está abriendo, que se está cayendo a pedazos, siente que las lágrimas que nunca quiso llorar se desprenden de sus ojos. Su amada la mira, a veces fijamente y otras, como si no pudiese soportarle. Y bien, luego de un rato, recobra todos sus sentidos y oye un silencio perturbador. Un silencio lleno de ira, de decepción.

La amada se para, abre la puerta y mira el corredor en silencio. La amante, con la certeza de que será la última vez que la vea, suspira, se para y se dirige hacia ella. Se para justo frente a su amada, quién, estóica y titánica, esquiva su mirada, mueve su cara hacia el lado izquierdo, dejando a la vista su cuello, un pequeño pedazo de piel; la amante, deja todo su miedo a un lado y acerca sus labios a ese pedazo de cielo. Siente cómo quema y cómo el dolor de su piel arde con el contacto con la otra. Su amada suspira, una vez más, como tantas veces la oyó y se aleja.

Se alejan. La puerta se pone de por medio; la amante, da la espalda y ve el largo corredor, toma las escaleras a su lado derecho y sale del edificio. Camina hasta la esquina antes de percatarse de miles de cosas.

Llueve.

Soundtrack: She passed Through, Amy, Sad Sexy, Cinders, Doris, Flutter, The Zinther Player (Dirty Three).

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s