What would a stranger say?

Hace una hora llegué a una conclusión. Nada del otro mundo, pero que dentro de mí muestra una ruptura con algo que creía que tenía sentido decir sobre mi carácter y mi personalidad. Hoy quise echar todo para atrás y jamás dejarme catalogar de bipolar, así fuese en chiste.

Porque seguramente pensé qué más divertido que se catalogado como tal, como una enfermedad que lleva a inestabilidad emocional y de la imagen propia y que está caracterizada por períodos de depresión y… momento.

No sé en qué momento decidí pensarme así, en qué momento cometí el craso error de excusarme en una supuesta enfermedad mental para explicar mis súbitos bajones de ánimo. No se trataba de ser bipolar, se trataba de no saber ni entender cómo enfrentar mis miedos, tristezas y soledades.

Sí, decidí creer que era cierto y decidí dejar que el resto me conociera así, porque en medio de todo me dejaba(n) en paz. Ya luego cuando todos creían que era cuestión de decir “ah, eres una bipolar, mejor no te tomo en serio” y “bueno, llámame cuando te decidas por qué lado de tu bipolaridad irte”. No, no es un chiste, no, tampoco quiero ofender a quién pueda sufrir de esta enfermedad y es así como me disculpo y entiendo cuán inmadura y poco seria fui al creer que un auto-diagnóstico podía ser una parte definitiva de mi personalidad.

La verdad es que buscaba una excusa para no tener que decir que sencillamente me daba pena, física y real vergüenza, estar triste porque siempre me enseñaron a no “darle importancia”, cuando en realidad todo, así sea mínimo, tiene importancia. Se atravesó mi miedo a estar triste porque estarlo sería una pérdida de tiempo, un desperdicio de lágrimas, y god forbid I would shed a tear for my meaningless problems. Porque así no fuimos nosotros, así no podíamos serlo porque en la vida siempre hay algo más grave, en la vida siempre hay algo más duro que superar, porque nosotros tuvimos esa infancia dolorosa y tuvimos que sostenernos desde los 20. Así que no, jamás tuve el derecho a llorar, porque todo lo que se nos atravesare jamás sería peor, jamás sería así de duro.

Es así, como no tuve el derecho a estar triste. Por eso me avergoncé siempre de llorar, porque ninguno de mis dolores jamás se habría de comparar al de ellos. Por eso, cuando me deprimía, me acurrucaba en la ducha a llorar sin que nadie me viese y dejaba pasar mi tristeza, antes de ser capaz de mostrarle a alguien. Fue como encontré que “ser bipolar” era más fácil que decir que estaba triste y que sencillamente no sabía cómo demostrarlo. Que mis cambios de ánimo seguían un corte bipolar para no mostrar que dentro la batalla era tan aterradora, que la sola idea de mostrar algo de debilidad era sencillamente inaceptable. Me escudé en decir que sencillamente estaba en uno de “mis días”, sin decir nada más, para que nadie me hiciera caso, para que nadie tuviera que preguntar. Y no era que no quisiera que no me preguntaran, era que no sabía cómo pedir ayuda.

Hoy entiendo que no importa lo que nos suceda, es cierto que jamás tendremos dolores siquiera similares, gracias a que sí, efectivamente nos los evitaron, pero ¿es acaso un pecado que me duelan mis amores? ¿Es acaso un pecado llorar por no encontrar un rumbo? ¿Es acaso un pecado sentirme insignificante y entristecerme?

Jamás me atreví a llorar frente a ellos, porque jamás quise admitir mi derrota frente a su fortaleza, que por demás, dudo que jamás tenga que tener. Es así como prefiero una vida hipócrita ante sus ojos, antes que dejarlos entrar. Es así como escojo mi dolor y mi duelo interno, antes de mostrarlo. Es así como escojo una vida inmaculada y perfecta, sin aflicciones, para ellos. Es así como escojo no compartirme y no hablar de nada que no sea mera cortesía. Es así como escojo ser triste lejos, al igual que ser feliz lejos de ellos.

¿Acaso podría hacer algo distinto?

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5 thoughts on “What would a stranger say?

  1. Nuestros huesos están hechos de perdidas, decepciones y desamor. La tristeza camina a nuestro lado, y es cuando conseguimos despistarla por un momento, cuando conseguimos acariciar esos instantes mágicos, en los que pensamos que todo encaja, que todo esta en su sitio.
    Para vencer la tristeza, (o mejor dicho convivir con ella sin que nos moleste demasiado), lo mejor es conocerla.
    Generalmente la tristeza conecta, ó con un hilo al pasado y con otro al futuro. El del pasado es el que rememora con dolor lo perdido. El del futuro, el que anhela vivir lo soñado.
    Así que las manidas palabras “Carpe Diem” contienen parte de la solución.
    Vive ahora.

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